Los libreros, un oficio necesario

Autor: Fernando Chacón

Fotos: Las 2 sevillas

Hace unos meses, Las 2 sevillas tuvo la oportunidad de participar en la primera Ruta Librera organizada en la ciudad. En aquel encuentro con libreros aprendimos un poco más de un trabajo cien por cien vocacional.

– ¿Buenas tardes, qué desea?

– Buscaba un libro sobre Mario Benedetti

– Prosa o verso.

– Pues yo estaba pensando en poesía… pero no descarto una mezcla si está interesante.

– Tengo cuatro posibles opciones que le pueden interesar. Puede sentarse en esa butaca y hojearlos. Si necesita algo, no dude en llamarme.

– Muchas gracias, muy amable.

(Diálogo real en El Gusanito Lector, calle Feria 110).

María José Barrios, sentada en el sofá con rebeca negra, durante el encuentro en Casa Tomada.

Éste podría ser el ejemplo de cualquiera de nosotros que se acerca a una librería a la búsqueda de un libro. Normalmente llegamos perdidos, desorientados, mirando las estanterías repletas de centenares de publicaciones. Todas ellas catalogadas por secciones y gustos literarios. Ordenadas, pero invisibles para el gran público.

Ambiente en la librería Casa Tomada.

Pero tenemos la fortuna de que existen personas que dedican su día a día a leer libros; profesionales instruidos que, normalmente, suelen acertar.

A mediados del mes de mayo, un grupo de periodistas culturales, blogeros y amantes de los libros, y las librerías, nos reunimos para realizar lo que se denominó la primera Ruta Librera.

De la mano de Cultura Sevilla y Letras Anfibias, organizadores del evento, nos adentramos en el día a día de un librero. Después de recorrer cinco espacios culturales, saqué una conclusión: ¿qué haríamos sin los libreros?

A los que nos gusta leer y los libros, agradecemos que nos asesoren; que nos aconsejen por qué este libro sí y este otro, mejor no. Necesitamos que nos escuchen. Y el librero está ahí para eso: para escucharnos.

Son una rara especie humana, porque hoy día es bastante difícil que alguien te mire a los ojos y te escuche.

Vivimos en el mundo digital, más pendientes de nuestros móviles de última generación; metidos en el WhatsApp, Facebook o el Instragram, que está muy de moda.

El caso es que es difícil prestar atención, porque incluso cuando te hablan te detienes a echar un vistazo al dichoso móvil. No podemos vivir sin mirar la pantalla táctil de nuestro magnífico Smartphone.

Lo cierto es que los libreros son, por lo general, personas educadas, atentas, casi silenciosas…

Rara vez te encuentras a uno subiendo mucho el tono de voz. Crean un ambiente de relajación. Sólo pretenden satisfacer tus deseos que, normalmente, pocas veces tiene que ver con tu pretensión inicial a la hora de comprar un libro.

Los talleres, fundamentales en Casa Tomada.

Pero ser librero hoy por hoy no es tarea fácil. En un mundo tan competitivo, donde las grandes superficies se ‘comen’ a los pequeños comercios de toda la vida, es complicado sobrevivir.

“Planeta y Random House nos hacen la vida muy complicada”, comenta, un tanto resignada, María José Barrios, una de las propietarias de Casa Tomada, Muro de los Navarros, 66.

En el fondo de su librería se sienta con nosotros, abierta a preguntas, mientras buscamos respuestas. “La gente apenas compra libros. Sin nuestros talleres, no viviríamos”.

Casa Tomada nació hace cinco años con un proyecto: organizar talleres de escritura para adultos. Hoy cuenta -además de con el mencionado- con entre 25 y 30. Hay talleres de guión, cine, vídeo y postproducción, sonido o fotografía digital, como nos muestra la propia portada de su página web.

Los talleres de formación son su principal fuente de ingresos, porque “es complicado competir con los fondos de las grandes editoriales”, sentencia.

“Somos independientes. Gano más dinero con una editorial más pequeña y aquí no nos entra lo que no queremos”, nos explica María José. Y prosigue: “Mi trabajo consiste en mirar catálogos y leer las reseñas. Lo que más tiene que hacer un librero es LEER. Yo después de estar aquí hasta las 9 de la noche, llego a mi casa y me pongo a leer. Es mi trabajo”.

Libros repartidos sobre una mesa, en Boteros.

Nuestro fondo está compuesto por libros de relatos, autores que a mí me gustan y novedades literarias.

Continuamos nuestro camino que nos llevó hasta las librerías Boteros, Rayuela, Un gato en bicicleta y Caótica. De cada una de ellas nos llevamos una experiencia. Y de todas, cercanía por parte de los libreros. Las cinco se podrían catalogar como librerías con encanto.

En Boteros, Boteros 14 A (foto de portada), nos encontramos con una librería de segunda mano, muy original. Porque aunque estaba repleta de libros antiguos, con encuadernaciones muy cuidadas, el espacio tenía un toque moderno. Acogedora, donde el cliente se convierte también en amigo. Como era el caso de Luisa y José Luis.

Esquina interior de Boteros.

“Compro bibliotecas. Ese es mi fondo”, nos expica Daniel Cruz, el propietario de este singular espacio, repleto de libros.

Observamos diferentes cuadros en el interior de la librería, pero rápidamente Daniel nos advierte que “las exposiciones sólo me visten el espacio”.

De la calle Boteros (la librería lleva el mismo nombre) bajamos hasta la entrada de la Plaza de la Encarnación y entramos en Rayuela, José Luis Luque, 6, especializada en libros infantiles. Más de 20 años abierta al público. Un referente en Sevilla.

Allí nos espera Miguel Ángel Escalera, que nos habla de la importancia de las actividades paralelas en su librería. “Tenemos cuentacuentos. Los niños de 5 a 12 años pasan noches aquí para familiarizarse con la lectura. Incluso nos los cuentan ellos mismos”,  nos explica.

Entrar en Rayuela es adentrarse en un mundo mágico, donde la literatura infantil y juvenil convive con juguetes y regalos didácticos y educativos.

“Esto es un negocio. Ahora mismo existe una burbuja editorial en infantil, que podría verse hasta excesiva”, comenta Miguel Ángel.

Miguel Ángel nos muestra un libro ilustrado, en Rayuela.

Dentro de esa amplísima oferta, nos encontramos con los libros ilustrados. El experimentado librero nos muestra y lee dos: ‘Los pájaros’ y ‘El libro del Mundo’, que tiene su propia historia. Trata de un niño que… Mejor tenerlo en la mano y hojear sus páginas.

Es un lujo, tanto por los dibujos de Guridi,                       como por el contenido de la historia. Fue presentado el pasado 27 de mayo en la Feria del Libro de Sevilla.

Volvemos sobre nuestros pasos y llegamos a la calle Pérez Galdós para conocer cómo se ha transformado Un gato en bicicleta, que se mudó en 2017 de Regina a las proximidades de la Alfalfa. Un cambio sustancial y un nuevo concepto, que incorpora una cafetería frente a los libros. Algo muy europeo y que ha llegado a Sevilla para quedarse.

Jesús Barrera, en Un gato en bicicleta.

“Ahora somos una casa de poetas y artistas. Hacemos recitales de poesía”, nos explica Jesús Barrera. Y añade que “decidimos hacer un cambio, sacrificando un poco el espacio de los libros e incluyendo la cafetería”.

Está claro que la superviencia del negocio manda y que hay que buscar nuevas fórmulas. Y si no que se lo digan a quienes ocupan el último espacio que visitamos, en esta interesante Ruta Librera.

Una vista desde arriba de la cafetería de Caótica.

Llegamos a la calle José Gestoso 8 para entrar en lo que podemos decir que se ha constituido en la librería y el espacio cultural de moda en Sevilla. Hablamos de Cáotica. ¿Quién no conoce ya Caótica?

Maite Aragón, Begoña Torres y Joaquín Sovilla son los libreros de la antigua ‘La Extravagante’ de la Alameda de Hércules y con su mudanza han dado, digamos, un pelotazo. Dicho en el buen sentido… Y la portada de su web no olvida de donde vienen… “Un lugar para ser extravagante”.

Quien no haya ido todavía, recomiendo su visita. Con una arquitectura vanguardista, que el día de su inauguración colapsó la calle y la entrada a la librería. Pocas veces se ha visto en Sevilla una expectación semejante por la apertura de un sitio donde se guardan libros. Sorprende.

Estructura de árbol de madera, en Cáotica.

Planta baja, cafetería. Un amplio y moderno espacio para estar; para leer; para trabajar; para relajarse… Para lo que te de la gana. Y en verano, pídete un te frío. Lo agradecerás. Y en invierno, un café. Es lo que toca. También te ofrecen una variedad de dulces y pasteles hechos allí, por si eres goloso.

Subiendo las escaleras, te encuentras con tres plantas. En cada una de ellas se ven libros. Muchos libros. Porque “seguimos siendo una librería”, nos comenta Begoña Torres, que nos recibe muy sonriente. No es para menos. El impacto mediático de Caótica ha sido impresionante.

“Estamos muy contentos con este proyecto y con la respuesta del público. Queríamos seguir siendo libreros y ejercer nuestro oficio. Pero había que hacer algo distinto”.

Lo que siempre se ha dicho de ‘renovarse o morir’. Pues eso.

En Caótica, además de una parada obligada en la planta baja donde está la cafetería, porque “vino y café casan muy bien con los libros”, se organizan muchas actividades en torno a ellos.

Se puede ser librera por un día, se organizan intinerarios de lectura, se presentan libros… o, como nos está pasando a los profesionales autónomos, nos podemos citar para una entrevista con alguien. O, simplemente, enseñar el lugar para nuestros amigos que vienen de fuera.

Este es relato de la ruta por cinco librerías recorridas durante una calurosa tarde del mes de mayo, en Sevilla.

Cinco espacios diferentes, pero con un denominador común: los libreros. Esas personas que están ahí para ayudarnos; para hacer que nuestra experiencia en una librería sea lo más satisfactoria posible. Y que para que les compremos, claro. No viven del aire.

Y ya hemos visto que no lo tienen fácil y que tienen que diversificar su negocio para poder subsistir. Porque hay una máxima y es que en este país, por lo general, se lee poco. Y se compra aún menos (libros).

Desde aquí, gracias a quienes hicieron posible esta iniciativa, Sonia Domínguez (Letras Anfibias) y Sergio Harillo (Cultura de Sevilla) -recomiendo una visita a sus respectivas páginas- a quienes nos acompañaron y un agradecimiento especial para los libreros, ese oficio tan necesario.

Cartel de la I Ruta Librera.

 

 

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