De cuentos de hadas y griegos hedonistas

SEFF 2016

Crónica 2. Juan Antonio Hidalgo

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‘Los hijos de Joseph’.

Eugène Green regresa a la sección oficial del SEFF dos años después de que nos aburriera solemnemente con La Sapienza, película que a algunos entusiasmó (de hecho se llevó el premio que otorgaba la Asociación de Críticos Cinematográficos de Andalucía, ASECAN), pero que a los más nos provocó varias cabezadas.

En este caso nos trae Le fils de Joseph, mucho más asequible a pesar de que formalmente poco varía con la anterior en cuanto a personajes hieráticos, que apenas modulan su voz, que apenas se mueven mientras hablan, que no dejan escapar sus sentimientos.

La película, como todas por otro lado, aunque quizás aquí de forma más evidente, tiene sus pros y sus contras. Es cierto que su estética puede provocar rechazo, al ser tan diferente de lo que estamos acostumbrados a ver. También sus tempos, sus diálogos, los modos de sus intérpretes.

No podemos olvidar que las intenciones artísticas y estéticas de Green son recuperar el juego y la dicción barrocas. Y, al mismo tiempo, son estas diferencias las que hacen que destaque, ayudado por las pinceladas humorísticas que no estaban presentes en la anterior.

Cuenta la historia de Vincent, un adolescente criado por su madre, Marie, que nunca ha accedido a decirle al joven quién es su padre. Cuando él descubre que es Oscar Pormenor, un egoista editor literario, decide preparar su venganza. Pero entonces conoce a Joseph y su vida cambia.

Le fils de Joseph (película construida a base de capítulos basados en episodios bíblicos), es claramente metafórica, con mensaje más que evidente, y donde tampoco rehuye la pasión del autor por el arte (recreándose en pinturas y esculturas en alguna que otra visita al museo), que a veces parece metido con calzador. Y tiene un reparto sobradamente solvente, en el que destacan Natacha Regnier y Mathieu Amalric.

Dentro del apartado Selección EFA, Suntan (foto de portada) es otra muestra de ese cine griego que tan buenos resultados está presentándonos en los últimos años (desde Canino a Attenberg, Langosta o Miss Violence). Película que ha pasado por multitud de festivales y que ha recibido premios en varios festivales, la historia provoca una sensación ambigua en el espectador gracias a su protagonista, un looser con mayúsculas por el que uno siente vergüencita ajena casi cada vez que le ve, pero con el que no puede dejar de empatizar a pesar de todo lo que hace.

Este protagonista es Kostis, un doctor al que (nada más verlo en el primer plano ya sabemos que algo le ha pasado, o que no anda muy bien de la cabeza), que es enviado para atender el consultorio de una pequeña isla que no llega a los mil habitantes. Allí, los inviernos son tremendamente aburridos. Pero cuando llega el verano y aparecen los turistas.

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‘Belle dormandt’.

Entonces, Kostis descubre las noches locas, y no cejará en sus intentos, cada vez más perturbadores de acercarse a la joven Anna, con la que está claramente obsesionado, e integrarse en su liberal grupo de amigo.

La isla de Antíparos, según palabras del director Argyris Papadimitropoulos, el paraíso en la tierra, es la sede del hedonismo, y al tipo solitario y apocado que es Kostis, esa bacanal perpetua de cuerpos jóvenes y bellos desnudos al sol, esas sonrisas incrustadas en los rostros, el alcohol, la fiesta, la música (ojito también al papel de la música en la película) hacen que Kostis caiga (¿recaiga?, no conocemos su pasado, pero no es descartable que no le haya pasado antes) de pleno en esa obsesión terrible, que le llevan a esas cosas tan espeluznantes que hace, que, no obstante, como decía, uno no puede dejar de empatizar, comprender, aunque (por supuesto) nunca compartir.

La segunda película de la jornada que contaba con Mathieu Amalric es Belle dormandt, libre adaptación de La bella durmiente (por si no había quedado claro con el título), dirigida por el español Ado Arrieta, desconocido en nuestro país a pesar de que lleva haciendo películas desde finales de los sesenta (también es verdad que no había rodado ningún largo desde 1991).

Versión fuera de su tiempo, el príncipe de Letonia, un joven que disfruta tocando la batería para desesperación de su padre, se empeña en encontrar el legendario reino de Kent, perdido y nunca encontrado en la jungla de su país, en el que cuentan que la princesa Rosamunde (y con ella todo su reino) lleva dormida cien años, a la espera de un príncipe que la despierte. Para ello, contará con la ayuda de su mano derecha (Amalric) y una arqueóloga de la Unesco (Agathe Bonitzer, DIOS, ME HE ENAMORADO!!)

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‘La mano invisible’.

Divertida, bella, onírica y mágica, la cinta de Arrieta es una rara avis, una de esas películas que no son habituales pero que pueden llegar a conectar con el espectador. Lo que sorprende también es cómo está construida visualmente la cinta. Uno esperaría una cinta más underground, con una imagen más (digamos) de bajo presupuesto. Y eso choca tremendamente con esta limpieza, con esta belleza.

Por último, el primer largometraje de David Macián, basado en la novela del sevillano Isaac Rosa, La mano invisible es una parábola sobre la precariedad laboral. En una nave industrial, once personas son contratadas para hacer su trabajo frente a un público.

Un albañil, una teleoperadora, un carnicero, una costurera, un mecánico… que no saben a qué se enfrentan: ¿arte, experimento, reality show…? Lo único seguro es que día tras día, tienen que hacer un trabajo que no sirve para nada y que, al final de la jornada habrá que deshacer. Pronto surgirán las dudas, las preguntas, los enfrentamientos.

Película realizada gracias al crowdfunding, y que se terminó hace dos años, pero que no se estrena hasta ahora, que también demuestra las dificultades de las producciones fuera de las grandes productoras para salir adelante.

Es cierto que la película te hace pensar, que la historia es necesaria y es completamente actual. Es un acierto la ausencia de banda sonora, y que todos los sonidos se basen en los producidos por los trabajadores y el público, ausente en escena, pero al que oímos y sentimos su presión contínua. Los intérpretes están magníficos todos ellos.

Pero también lo es que, pese a los escasos ochenta minutos de metraje, la historia se antoja algo larga. Hay escenas que se repiten demasiado (ya hemos notado lo reiterativo y cansino de las tareas, no hace falta que me lo muestren más veces), y un pequeño recorte no le vendría mal.

También se presentaron las nominaciones a los Premios de la Academia Europea de Cine, que se entregarán en la bella ciudad de Breslavia el 10 de diciembre. Para no entrar en detalles y relatar la lista completa, que se puede consultar y se puede ver en multitud de sitios, resaltemos únicamente las nominaciones patrias, que este año son cuatro. Tres se ha llevado Julieta, la última de Almodóvar: mejor película, mejor director y mejor actriz (ex-aequo para sus dos protagonistas, Emma Suárez y Adriana Ugarte); y Javier Cámara como mejor actor por su trabajo en Truman.

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